Mariel León Pimentel
05/08/2026
Societas delinquere non potest: ¿con qué se come eso?
Del latín: la sociedad no puede delinquir. Durante más de un siglo, esa frase sostuvo que una empresa no podía sentarse en el banquillo de los acusados. Las personas deciden, ocultan o corrompen en su nombre y la organización queda detrás como un parapeto sin conciencia.
SOCIETAS DELINQUERE NON POTEST. Suena antiguo, como si viniera del derecho romano. No es así. Una investigación histórico-jurídica reciente la atribuye al penalista alemán Franz von Liszt, quien la empleó en el 1881 para resumir y criticar la doctrina de su tiempo: no huía de la responsabilidad empresarial; defendía precisamente lo contrario.
Hay un razonamiento ético detrás: es la empresa la que fija metas, habla cuando premia y calla cuando tolera. Hoy, esto se traduce como deberes de “dirección, control y supervisión”. ¿Te suena?
En República Dominicana, en el 2003, se descubrió el fraude de Baninter. Sus principales ejecutivos fueron condenados, pero el banco nunca fue juzgado penalmente. Se le disolvió por vía administrativa y ningún tribunal penal pudo preguntarle qué controles tenía. La ley no lo permitía.
Veamos el otro extremo.
En el 2017, Volkswagen se declaró culpable ante un tribunal federal estadounidense: tres cargos penales y 2,800 millones de dólares de multa criminal. Instaló en unos 590,000 vehículos un software que reconocía cuándo lo evaluaban y mentía. Durante la investigación, destruyó documentos.
Ahí no se juzgó un Manual, sino una decisión de la organización: esconder y engañar. Volkswagen no pagó porque le falló un plan: pagó porque delinquió.
Lo que cambia es la ley: allá la empresa podía ser acusada penalmente desde el 1909; aquí podrá serlo a partir del Artículo 8, en vigor desde el 3 de agosto del 2026.
Es más que una discusión penal. Es una discusión sobre Ética: no hablamos de si el traje estaba en el clóset, sino de qué material estaba hecho cuando su dueño lo usó.
A mi abuelo, don Alberto, no lo conocí: murió joven; papi tendría unos 19 años. Recientemente leí a un viejo y apreciado amigo suyo que, a más de 40 años de su muerte, lo honró y al hacerlo me transformó. El “Tata” de mi papi, además de muchas cosas, ¡era el sastre de los periodistas! Hoy siento que ese oficio también me atañe y que soy parte activa de su legado. Por eso, con la aguja ensartada y el nudo hecho, cierro esta serie sobre Ética con un firme deseo.
Verás, un sastre sabe que dos telas pueden parecer iguales y comportarse distinto al cortar, coser y usar la prenda. Con las organizaciones pasa lo mismo: dos pueden tener el mismo Programa de Cumplimiento y las mismas políticas. Cuando aparece una falta, descubrimos de qué estaban hechas; solo sobre una sólida base ética pasarán la prueba.
El nuevo Código Penal convierte esa responsabilidad en una pregunta jurídica, pero no inventó la responsabilidad ética empresarial. La Ética estaba en la tela mucho antes de que el Derecho revisara las costuras.
Hagamos un compromiso: no solo vayamos al sastre correcto; llevemos siempre materia prima de primera, por dentro y por fuera.
La autora es, por siempre, la Nieta del Sastre de los Periodistas.