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DC Law

Mariel León Pimentel

29/07/2026

Ethics is not measured in KPIs

Imagina que un empleado descubre internamente que alguien hizo algo ilegal. Nadie fuera lo sabe todavía, ni siquiera su jefe; así que nadie está investigando. Tiene un secreto incómodo y una sola pregunta: ¿hablo o me quedo callado?

Ahí, en ese silencio, se mide la Ética de una organización.

Balt, una empresa francesa, vivió ese momento. Durante una investigación interna descubrió una conducta relacionada con el pago de sobornos. La Dirección decidió hacer algo que pocas empresas hacen: se denunció a sí misma mientras la investigación seguía en curso. No se hicieron los chivos locos a ver qué pasaba. Asumió el riesgo de hablar antes de conocer toda la dimensión del problema.

Observa lo que pasó, porque ahí está la clave. En marzo de este año, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos decidió no acusar a Balt. En cambio, acusó a un ejecutivo de su filial estadounidense y a un consultor de ventas por su presunta participación en el esquema. Balt por un lado; las personas, por otro. Ese desdoblamiento no es un tecnicismo: es el corazón de la responsabilidad penal corporativa.

Que quede claro: Balt no es la heroína del cuento. La conducta investigada se extendió durante años. Pero su respuesta sí merece destacarse: se autodenunció voluntariamente, cooperó, remedió y aceptó responsabilidad. El Departamento decidió no procesarla después de valorar esos factores y la ausencia de circunstancias agravantes. ¿La diferencia? Lo que hizo cuando la falta apareció delante de ella.

Una empresa puede comprometer su responsabilidad penal, pero no por incumplir un indicador: lo hace cuando falla en sus deberes de dirección, control o supervisión. Por eso la Ética no se mide en KPIs. Un tablero lleno de metas verdes no dice si quien descubre la falta hablará o callará.

Y esa es la génesis del error más común: creer que con tener un Programa de Cumplimiento la empresa ya está cubierta. Con el código impreso y la política firmada no se acabó la tarea.

El cumplimiento de verdad es integral: cultura, tono desde la cabeza, formación, consecuencias que se aplican y personas que denuncian sin miedo. Es un sistema vivo que respira en las decisiones diarias y se construye durante años.

Pienso de nuevo en el taller de mi abuelo, don Alberto. En la entrega anterior hablamos de cómo se lleva puesto un buen traje. Hoy toca algo más incómodo: qué haces cuando, teniéndolo puesto, aparece la primera mancha.

Un traje no protege por estar en el clóset: protege cuando te queda, te lo pruebas y lo ajustas cuando es necesario. El Programa es la tela; comprarla obviamente no basta. Balt no guardó su traje en el clóset y cuando vio la mancha, no la escondió: actuó.

La próxima vez que alguien te muestre orgulloso su Programa de Cumplimiento, no lo felicites por tenerlo. Pregunta cuándo fue la última vez que lo tuvo puesto.

La autora es La Nieta del Sastre de los Periodistas